Desde el decenio de 1930 a1939, el cinc es reconocido como nutriente esencial. Desde entonces, los científicos han aprendido que casi todas las células del cuerpo contienen cinc y que se usa para diferentes funciones.
El cinc es uno de los oligoelementos más abundantes en nuestro cuerpo, está presente en todas las células y tejidos, en una concentración aproximada de 2 a 3 gramos. Por lo general, las carnes y pescados ricos en proteínas son buenas fuentes de cinc. Los alimentos vegetales, como nueces, frijoles, germen de trigo y cereales integrales, también aportan cantidades significativas de cinc a la dieta.
El cinc se absorbe hacia las células del intestino delgado por difusión simple y por transporte activo. Cuando se absorbe el cinc a los enterocitos, induce la síntesis de proteínas intestinales ricas en cisteína y metalotioneína, proteínas que se unen al cinc. La absorción del cinc, se modifica por la composición de la dieta y la necesidad corporal del mineral. Es decir a mayor necesidad corporal mayor absorción y viceversa. El cinc que se absorbe a la corriente sanguínea se une con proteínas como albúmina, para su transporte al hígado y este a su vez empaca de nuevo el mineral y lo libera a la sangre unido con Գ-macroglobulina-2, albúmina y otras proteínas.
Aunque no hay un sitio de almacenamiento para cinc, el cuerpo mantiene una reserva intercambiable del mineral en hígado, huesos, páncreas, riñones y sangre.
El exceso de cinc se excreta con facilidad en las heces, lo que disminuye el riesgo de toxicidad. También se excreta pequeñas cantidades en la orina y sudor.
El cinc es indispensable ya que hasta 300 enzimas distintas del cuerpo necesitan cinc. Es difícil nombrar un proceso o estructura en el cuerpo que no se afecte directa o indirectamente por este mineral que contribuye a la síntesis del DNA y RNA, síntesis del hem, formación de hueso, agudeza gustativa, función inmunitaria,reproducción, crecimiento y desarrollo, así como la red de defensa antioxidante. Además el cinc estabiliza las estructuras de las proteínas en la membrana celular, los dedos de transcripción génica y las proteínas receptoras para las vitaminas A y D y hormona tiroidea. El cinc también disminuye la duración de los resfriados comunes.
Existen casos deficiencias de cinc, los síntomas incluyen pérdida de apetito, retraso del crecimiento y maduración sexual, dermatitis, alteración de la función de la vitamina A, alopecia, menor sensibilidad gustativa, cicatrización deficiente de heridas, disfunción inmunitaria, diarrea grave, defectos congénitos y aumento de la mortalidad infantil. La deficiencia grave puede ser resultado de un raro trastorno llamado acrodermatitis enteropática. Este trastorno se desarrolla después del destete y conlleva absorción intestinal anormal de cinc.
Por otra parte también puede presentarse toxicidad de cinc, este principalmente se da por consumos complementarios de cinco o más veces las recomendaciones dietéticas diarias; por lo tanto el límite superior se estableció en 40 mg al día. Los síntomas incluyen pérdida de apetito, nauseas, vómito, cólicos abdominales y diarrea.
Referencias
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